domingo, 20 de mayo de 2012

De Petro-Estado a Narco-Estado

De Petro-Estado a Narco-Estado
Elizabeth Burgos
Domingo, 20 de mayo de 2012

El país que inauguró la idea de beneficiarse del tráfico de drogas desde
el Estado, fue Cuba. El hecho de que Washington constituyera un
expediente sólido que le permitiera acusar al régimen cubano, le costó a
Fidel Castro buscar un chivo expiatorio, y obligarlo a juzgar a los
altos oficiales que él había comisionado a ejercer actividades
delictivas, que culminó con el juicio y la aplicación de la pena de
muerte al general Arnoldo Ochoa.

Las últimas informaciones provenientes de Venezuela, como la salida de
la CIDH, la adopción de la "Ley Orgánica contra la delincuencia
organizada y financiamiento al terrorismo", y el nombramiento de un
consejo de Estado, se inscriben dentro de la lógica del castrismo el
cual consiste, ante todo, en una técnica para acceder e instrumentalizar
el poder con el objetivo de imponer un sistema totalitario, inspirado a
la vez de influencias fascistas y comunistas. El llamado socialismo
mimético de ese artefacto ideológico-técnico que es el castrismo.

Por las declaraciones y reacciones que he podido leer, muchos consideran
que la decisión de salirse de la CIDH, es un señuelo para distraer la
opinión pública del verdadero peligro que significa la aprobación de la
"Ley Orgánica contra la delincuencia organizada y financiamiento del
terrorismo", sin percatarse que uno se complementa con el otro. Por
supuesto que el peligro radica en una ley destinada a perseguir a las
ONG, a los defensores de los Derechos Humanos y a someter a control la
libertad de expresión: en otras palabras, en la legalización del
totalitarismo revistiendo de legalidad la arbitrariedad: es ese el
sustento primordial del castrismo. Para la aplicación impune de esa Ley,
Venezuela necesita no estar sujeta a la vigilancia de organismos
internacionales como es el caso de la CIDH. La aplicación de esa Ley
exige tener carta blanca; no tener que responder ante reglamentos
internacionales de tipo vinculante aunque cualquier ciudadano pueda
recurrir a esas instancias internacionales.

El otro acontecimiento que ha tenido un amplio eco internacional, son
los testimonios de los dos ex magistrados que se han visto obligados a
huir del país para salvar sus vidas por haber sido designados por el
gobierno como chivos expiatorios, ante el desenmascaramiento de una
trama ligada al narcotráfico, en la que están implicados altos miembros
del gobierno, en particular, oficiales de alta graduación.

Ambos magistrados, Aponte Aponte y Velásquez Alvaray, han demostrado con
detalles y documentos, no sólo la existencia de una justicia hecha a la
medida del régimen, sino también a la medida de un Estado delincuente al
que se le hace cada día más difícil disimular ese rasgo.

Muchos en Venezuela, todavía, cautivos del mito revolucionario cubano,
intentan diferenciar el régimen castrista del régimen "revolucionario"
de Venezuela. Uno de los argumentos preferidos es que la cubana es una
revolución producto de un triunfo militar, sin tomar en cuenta el hecho
de que un ejército de 35.000 como era el caso del cubano en 1959, no
pudo ser vencido por un grupo de guerrilleros mal armados. Sencillamente
el ejército cubano, desmoralizado, al saber que Batista había perdido el
apoyo de Washington, al punto de haberlo sometido a un bloqueo de envío
de armamento, simplemente se entregó. Otros alaban el profesionalismo de
la diplomacia cubana y se sorprenden cuando algún diplomático cubano
incurre en lo que para un profesional sería un error. La diplomacia
cubana no es buena ni mala: sencillamente cumple órdenes emanadas de una
estructura eminentemente militar.

En una situación de lucha entre corrientes que defienden la democracia
frente a un poder de corte totalitario, el desconocimiento de la
naturaleza de ese poder es indispensable si se le quiere enfrentar de
manera eficaz.

La diferencia entre el régimen cubano y el proyecto totalitario
venezolano consiste en que en el venezolano, el proceso de
institucionalización del totalitarismo, conlleva la aplicación
simultánea de temporalidades diversas: es decir, lo que en Cuba ha
requerido medio siglo, en Venezuela ha tomado diez años.

En Venezuela se ha visto la fase idealizada de la revolución entre
aquellos que abogaban por un cambio y fueron creyentes fervientes de la
primera época. La mayoría hoy están en la oposición. La fase del Estado
delincuente en la Cuba tomó cuerpo tras la caída de la URSS y la pérdida
de los subsidios soviéticos. En Venezuela, esa fase surgió casi
simultáneamente. Aquello que en épocas pasadas, se consideraba como
corrupción, que consistía en el enriquecimiento veloz de aquellos parte
o cercanos del petro-Estado, hoy, además de disponer de los ingresos
petroleros, el mecanismo mimético con Cuba, ha conducido rápidamente a
la casta dirigente "revolucionaria", al estatus de delincuentes,
llevando al país hacia la condición de narco-Estado.

Tal parecería, que en la división del trabajo que se está instaurando
entre Cuba y Venezuela, como una medida elemental de autoprotección,
Cuba le está adjudicando claramente a Venezuela las actividades
delictivas o ilegales que antes se ejercían bajo la batuta de La Habana.
A Fidel Castro hay que reconocerle, que en su variante de revolución
permanente, que consiste en desplegar una dinámica de destrucción de las
instituciones democráticas, -una especie de guerra de baja intensidad-
siempre ha llegado hasta un límite que no ponga en peligro la integridad
territorial de Cuba.

El país que inauguró la idea de beneficiarse del tráfico de drogas desde
el Estado, fue Cuba. El hecho de que Washington constituyera un
expediente sólido que le permitiera acusar al régimen cubano, le costó a
Fidel Castro buscar un chivo expiatorio, y obligarlo a juzgar a los
altos oficiales que él había comisionado a ejercer actividades
delictivas, que culminó con el juicio y la aplicación de la pena de
muerte al general Arnoldo Ochoa.

Difícilmente se pueda legalizar la pena de muerte hoy en Venezuela.
Queda la opción de los asesinatos y es la que se está aplicando hoy en
el país.

De un país en donde se practicaba la corrupción desde el Estado, se ha
pasado a la práctica cubana de un Estado mafioso.

eburgos@orange.fr

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6744017.asp

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